Tres, dos, uno…

20 Julio 2020

Dicen los expertos que la magia del aprendizaje surge cuando nuestros tres cerebros (Paul McLean) funcionan al unísono en equilibrio ¿Cómo lo aplicamos al sistema educativo? Empiezo por el cerebro más primitivo, animal e instintivo, alojado en el tronco encefálico, nuestro colador de información. El cerebro que nos mantiene despiertos y alertas, el primero en formarse (Frances Jensen), reptiliano, vital para sobrevivir. Y me pregunto:


¿Cómo puede el educador transmitir información para que el alumno la sienta como necesaria para su supervivencia?


Continúo por nuestro segundo cerebro, intermedio, límbico, sexual, emocional, pletórico en la adolescencia (Frances Jensen). Y me pregunto:


¿Cómo puede el educador transmitir conocimientos para que el alumno sienta la necesidad de optar por el riesgo de esforzarse para recibir a cambio una recompensa anímica que le satisfaga?


Y termino por el más reciente, el último en formarse -dice F. Jensen que hasta los 30 no termina de madurar. El cerebro racional, el que facilita el aprendizaje una vez que el estímulo ha sido captado, emocionalmente interiorizado y, por tanto, listo para ser almacenado en la memoria. Y me pregunto:


¿Cómo puede el educador inspirar para que el alumno doblegue su dispersión, centre su atención y desarrolle su capacidad lógica y reflexiva?


Para mí hay un camino claro y es el de trabajar primero con las habilidades del educador, sus estímulos, sus estados emocionales, su capacidad de enfoque. Como educadora que soy, haber hecho primero el camino me facilita enormemente la labor de ser guía sobre un terreno que ya conozco. Es más fácil inspirar si te conviertes en ejemplo. Y hay muchos tipos de ejemplos: de superación, de sabiduría, de perseverancia, de empatía, de compromiso, de optimismo…


¿Cuál es el tuyo?

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